La noche del sábado 21 al domingo 22, no la pase bien, pues apenas descansé. Quizás sea mi tónica general, pues el domingo como procuro madrugar, mi mente aunque en la cama descansado, parece que tiene un reloj interno que está constantemente alerta y me hace despertar varias veces por la noche, para ver si es la hora apropiada para salir, a lo que me he propuesto el día anterior. Nada más levantarme, asearme y bajar a desayunar, porque no se puede empezar un día y menos en el campo, sin desayunar. Mientras que preparo el desayuno inspecciono por la ventana como está el día, aunque la oscuridad es total, pues aún no ha amanecido, para mi sorpresa veo que todo está cubierto de nieve, ala, al traste mis propósitos de comedero para el día de hoy. Desayuno tranquilo y me dispongo a dar un pequeño paseo por el pueblo, mientras abren los comercios para comprar el pan y el periódico. A primera hora de la mañana que aún nadie ha pisado la virgen nieve es una sensación muy buena, oír crujir tus botas en ese manto blanco. Regreso a casa, y ya no nieva. De vez en cuando vuelven a caer copos, pero poca cosa. Me digo porque no ir al comedero e intentar sacar algo con nieve?. Me da un poco de reparo el pensar, que me tengo que meter por caminos que el día anterior estaban llenos de barro y ahora con este manto blanco, no se muy bien como estarán, pero al final me decido. Salgo al coche quito la nieve de los cristales delanteros y traseros, lo pongo en marcha para que tome calor el motor y me dispongo a llenarlo con lo indispensable, tampoco quiero cargar con todo por si acaso no llego o me quedo a mitad de camino. Rápidamente he decidido que el Hide se queda en casa y que con la silla y las redes, para probar tengo más que suficiente. Y así hago. Cuando tengo todo cargado salgo hacía el comedero, siendo ya las 9:30 de la mañana, y eso que llevaba desde las 7:00 en pie.
Llego medianamente bien al comedero, pues no ha pasado nadie por los caminos y el ser yo el primero en pisar la nieve, me da cierta ventaja, pero no por ello debo de bajar la guardia. El coche se nota que patina y pierde tracción por alguna zona, cosa que el sólo recupera por esto de la electrónica.

Nada más llegar y descargar veo que están todos los inquilinos alados de la zona, muy alterados, hace frío y tienen hambre, la nieve ha tapado su lugar de comer y al helarse, no pueden comer. Les preparo todo y les pongo un poco de manteca, me meto debajo de mi red y enseguida entran a hacer cuenta de su suculento desayuno.
El comedero éste es nuevo, es la primera vez que me siento a hacerles sesión y me ha dejado bastante impresionado, porque entre 1,5 y 2 metros es donde me senté y sólo con la red. De momento bajaban sin parar el Herrerillo y el Carbonero, ambos comunes. Pero se acercó mucho el Trepados azul y en el árbol de encima de mí estuvo un buen rato el Picapinos. Pasaron de largo con su característico escándalo, Arrendajos y Rabilargos y no muy lejos puede oír un Milano, además de Córvidos. Varios Corzos también pasaron corriendo asustados por mi presencia.
Mientras hacía fotos, intermitentemente nevaba y esto me gustaba, por hacer algo diferente, pero como era la primera vez, las posición mía, posadero, y escenario no está aún perfeccionado, pero poco a poco. Os muestro fotos de esta sesión, lejos de ser unas buenas fotos, pero son los preliminares de lo que voy a intentar ir haciendo. Se me olvidaba decir que he cambiado el comedero de lugar de mi anterior entrada. No me dejaban tranquilo las vacas.




En esta toma, evidentemente que no es buena, sobre todo porque no se ve nada al herrerillo, que se posó en el escenario, pero me llamo la atención su plumaje por esta parte, que pocas veces veo.

Espero que os guste, esta nueva forma que voy a intentar ir haciendo a partir de ahora de contar todo más y de otra manera.
Ya me iréis contando para ir cambiano y adecuando las entradas al gusto de todos.
Dar las gracias a la web amiga de Pajaricos, por su ayuda en la identificación de las especies.
Las fotos son propiedad de su autor y protegidas por Copyright.
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